Pequeña afamadilla,
enredada en el caos de tu atardecer, padeces calida en un ensueño,
en tu mentira agobiadora,
en tu trampa entorpecedora.
Mira nada más el entorno a sus ojos de cristal,
la caricia que te embauca,
preciosa, mírame a mi, nada mas,
experimenta de sus manos agraciadas.
Hermosa, cuidadosa del actuar,
desfilan sus miedos en tonos rosa,
su pequeña sonrisa, entre las lágrimas que de sus ojos comienzan a brotar,
ella aun no entiende la confusión de una lágrima y su reír.
Y su pequeño cuerpo se alza al olvido,
no hay más razón que le impida vivir,
a carcajadas despide la pena,
con virtud elije que rumbo emprender.
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