
No recuerdo el lugar en que fue diferente,
tus ojos, mis manos
temblorosas y húmedas,
tu sonrisa desinteresada,
y tras nosotros, un infinito absolutamente desconocido.
El futuro que nos acaparo en blanco,
y que más pronto lo hizo en negro,
esa pintura que tiño de azul mis virtudes
y plasmo en un dibujo mis miedos.
Un beso, sin sentimientos…
por que fue aquel que escapo de mi sin aviso
ese que aun busco, ese que aun escondes,
no veré más aquella sombra bajo las hojas del árbol
los frutos ya maduros han caído.
El abismo tras los tacones de charol se vuelve reflejo,
y creo sentir mariposas, otra vez, en mi estomago…
y que es esto, me pregunto,
como redundando en los juegos de una desolada plazoleta
la brisa se detiene y el aliento pronto se hará débil.
Fue ahí cuando la luciérnaga de tus llagas
ilumino hasta siempre mis sentidos
arrojo hasta tras mi revuelo,
me hizo fuerte al enemigo
y una flor en el camino, devolvió los colores a mi vestido.
Ahora caminas, y yo camino
y si el tiempo fuera nuestro amigo
permitiría ver nuestras huellas,
pero no de enemigo si no de Savio,
las borra, y pasamos desapercibidos.

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