En otro de sus calvarios por la noche,
Como pequeña luciérnaga indagando en lo desconocido,
Ella quiso poder enfrentarse al dolor,
Entonces encaro su pasado.
Y sumida en recuerdos, tirada en el suelo de su habitación se encontraba,
La frescura de la elocuente inconciencia se mezclaba entre las lágrimas,
Y llegaban efímeras, imágenes entre cortadas,
Ella sufría, ella gritaba.
La voz desierta de su inmenso temor comenzó, a relatarle las cosas,
El incienso de cortinas carbonizadas la ahogaba,
Entonces, ella, no pudo escapar,
El sacrificio de aquella niña, de la inocencia, aquella no tenia culpa alguna.
Y al fin sacro impía, se sentó,
Entre remordimiento se mecía,
Y la luz parpadeante quemaba su fría mirada,
La mirada vacía, que la hacia misteriosa, la mirada que la cautivó a quedarse sola.
En un lapso de segundos, un remolino abordo n su cabeza
Mareo sus sentidos,
Y los espejos saltaron de la podrida pared,
Cayeron como lluvia sobre su débil cuerpo.
Ensangrentada se puso de pie,
En su puño apretó algunos de los pedazos de espejo,
Y en encanto de sonrisa,
“con estas heridas, si, con estas, haré el muy crápula placer de sonreírle a la vida”
Se dijo.
lunes, 7 de enero de 2008
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