Respondía su carta una y otra vez en silencio,
me consumía con la mirada fría,
recaté mi piel de vestiduras hipócritas,
dibuje en la niebla un adiós envestido.
Tu partida marco un nuevo comienzo,
las lágrimas atrapadas en un serafín de demencia,
custodio de mis pesares, el que se oculta,
gracia en nada, por inhibir mis palabras.
Princesa enclaustrada en lo desconocido,
cubriste mis manos para no perder mi rumbo,
soplaste el mal sueño,
tu reflejo, aun no se borra de mi ventana.
Caminare queriendo ver en frente de mis pasos, tus huellas,
puños apretados, el concebir, de la maldad atribuida,
se dispersan las gotas de lluvia,
dibujando en nosotros la historia de un hermoso pasado.
_______________________________________________
Catador de un sufragio, heridas no cicatrizadas, las noches en velas para contemplar su mirada, inexistente en el hoy de su cruel laberinto, me pierde, me escucha, se esconde y su amargura desborda los ríos de su valle de ensueños, guarda el silencio y propaga el temor, para en una luz alucinante ver sus ojos, y no olvidarlos jamás, se arrulla si le cantas y te golpea si pretender perder, te enclaustra del mundo y te hace olvidar, que debes creer.
_______________________________________________
Te vi, tirada en la cama, con la mirada perdida, quise abrazarte, y mis brazos traspasaban tu cuerpo, intente hablarte, no escuchabas, me acerque mas, te hable al oído, pero fue inútil, tus lágrimas poco a poco empapaban las sabanas, yo desesperaba, tus brazos sangraban y nadie aquí se percataba, solo yo, ausente a tu lado, vi como experimentabas aquello, pero un lapso muy corto tus lágrimas evaporaron, tu sangre se vio calmada, cubriste manchas, y en tu rostro se revelo una sonrisa, te levantaste, cruzaste por mi cuerpo, y no me viste, saliste, y como si nada hubiese pasado, escondiste las heridas, y sonreíste.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada